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MI VIDA NÓMADA - ALDEA WIN WIN
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MI VIDA NÓMADA


Muchos creen que vivir entre San José y Tamarindo es un sueño hecho realidad. Pero yo les voy a contar cómo es de verdad la vida con un niño de casi 3 años, con una hija perruna que también nos acompaña, viajando cada dos meses en Costa Rica y  una vez al año que nos pasamos una temporada en Italia.

Sí, es fabuloso eso de que podemos disfrutar tanto del mar y la naturaleza que rodea nuestra casa. Gabriele ama explorar, meterse al mar y buscar entre los árboles dónde están los monos que oye todas las tardes.

Tenemos una pizzería y, como buen cocinero que es, le encanta meterse a la cocina, participar en la preparación de la pizza y hacer suyo cada proceso. Por otro lado, nuestra perra Bella es libre, anda de aquí para allá y disfrutamos los atardeceres a diario en la playa... ¡Qué no hay atardeceres como los de Tamarindo!

Por otra parte, Tamarindo no tiene mucha oferta (o ninguna) de lugares amigables para niños (solo nuestra pizzería, que tiene jardín, casita y playground ¡eeeeh!). Los días de lluvia intensa solemos quedarnos cocinando en casa, si topamos con suerte podemos ver el atardecer en la playa, pero cuando llegan los mosquitos, debemos regresar porque no hay repelente que valga.

Cada vez que salimos de San José el carro parece un camión de mudanza, por ejemplo esta vez última vez hasta las plantas cargamos (si las dejamos en San José se mueren), también el arbolito, adornos y regalitos de Navidad. Y no tengo ánimos de quejarme, solo de contarles que hacer esto cada dos meses se nos hace agotador.

Yo soy más josefina que nadie y mi esposo, que desde que llegó de Italia hace más de 20 años se instaló en Tamarindo, no puede pasar más de 2 meses en la ciudad porque se agobia. Además la pizzería necesita de él; así que llegamos a un acuerdo: seríamos nómadas por la salud y bienestar de ambos.

Justo ahorita estamos en Tamarindo y los primeros días yo feliz pero luego se me hace monótono y me aburro un poco, por suerte este año me hice de mi tribu de amigas mamás y ha sido hermoso, poder contar con ellas y sus hijos como los nuevos amiguitos de Gabriele.

La temporada alta se avecina y esto significa mucho movimiento para el negocio pero también se pone todo muy congestionado en Tamarindo, hay presa hasta para ir al súper y a nuestro ritual playero se le bajan los niveles de paz por un par de meses debido a la cantidad de gente en la playa.

Lo que sí me encanta es cuando nos vamos a Italia porque de nuevo pasamos mucho al aire libre, entre plantaciones y cabras, entre vino y olivas. Es muy rico estar con la familia y amigos de mi esposo, hacer labores típicas de la vida de campo y escaparnos a conocer destinos cercanos y cuando el presupuesto nos lo permite podemos conocer un poquitín más de Europa.

Es hermoso y cansado. Bella siempre nos acompaña, hay que estar pendientes todo el tiempo de su seguridad y necesidades. Gabriele por su parte se agota de tanta actividad... ¡Y ni hablar yo que los años anteriores lo llevaba cargado en mi espalda en la mayoría de los paseos (aunque esto de portearlo aún hoy en día me fascina)!

La vida nómada es interesante, me trae aprendizajes, me reta porque no me quedo quieta más de tres meses, (lo que también quiere decir que no siempre puedo aceptar invitaciones a actividades, celebraciones, cumpleaños, etcétera); pero hasta ahora nos ha resultado a nivel familiar. Me complace saber que mi esposo y yo podemos llegar a acuerdos y que Gabriele y Bella son felices donde sea que estemos.

¡Gracias por leerme!

Joanna Zapata C.